Cereales en la alimentación complementaria

CLARA ROJAS MONTENEGRO
Nutricionista Clínica Infantil


Es compromiso de todos los profesionales de la salud conocer los beneficios de una adecuada alimentación en las primeras etapas de la vida y los riesgos de esta respecto a ciertas enfermedades como alergias alimentarias, trastornos gastrointestinales, desnutrición o sobrepeso. es ampliamente conocido que entre el nacimiento y los dos años de edad es un período crítico y una ventana de oportunidad para la promoción de óptimo crecimiento, salud y desarrollo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la alimentación complementaria (AC) como ”el acto de recibir alimentos sólidos o líquidos (excepto medicamentos en gotas y jarabes) diferentes a la leche, durante el tiempo que el lactante está recibiendo leche materna o fórmula infantil,”. Tiene como objetivos contribuir al desarrollo del aparato digestivo, enseñar a diferenciar variedad de texturas, sabores, colores y temperaturas; crear hábitos de alimentación adecuados y saludables: y estimular el desarrollo psícosocial del niño.

El inicio de alimentos diferentes a la leche materna resulta de un proceso gradual y complejo donde el niño pasa de la alimentación líquida a la alimentación sólida; proceso a su vez que depende del grado de madurez de los diferentes sistemas neurológico, renal, gastrointestinal e inmunológico. Dentro de los múltiples aspectos a evaluar para el inicio de la ac está el desarrollo neuromuscular requerido para deglutir alimentos sólidos y semisólidos ofrecidos con cuchara, el cual alcanza su madurez a los seis meses de edad.

Es esencial asegurar que los runos desarrollen tempranamente y en el momento oportuno, todas las destrezas de alimentación (tal como masticar y llevar objetos a la boca, etc.), pues de lo contrario más adelante se pueden presentar problemas de alimentación y de conductas alimentarias. Desde el punto de vista gastrointestinal hay un desarrollo de enzimas que va a permitir procesos de digestión, el intestino se convierte en un órgano de barrera que evita la entrada de alergenos disminuyendo el riesgo de intolerancias alimentarias. las altas demandas energéticas y de nutrientes como el calcio, zinc, hierro, vitaminas a. d y c. aumentan el trabajo del riñón el cual tendrá una capacidad funcional cercana al 85% a los seis meses. Una alimentación insuficiente o prácticas alimentarias inadecuadas durante este periodo crítico, pueden aumentar el riesgo de fallas de crecimiento o deficiencias nutricionales, especialmente de hierro, desnutrición y puede tener efectos adversos en la salud y desarrollo mental a largo plazo o asociarse con alergias alimentarias o enfermedades crónicas como hipertensión, diabetes u obesidad.

Para satisfacer las necesidades energéticas de proteínas, vitaminas y minerales que se incrementan a partir del sexto mes, la aap (academia americana de pediatría) sugiere el inicio de la ac con cereales infantiles enriquecidos con hierro, frutas, seguido de carnes.

De hecho, los cereales suelen ser uno de los alimentos de elección para el inicio de la alimentación complementaria. Los cereales suministran fundamentalmente vitaminas y sobre todo contribuyen al equilibrio energético total por su alto contenido de hidratos de carbono proporcionando energía, que favorece el aumento necesario de la densidad calórica de los alimentos complementarios.

Su principal componente es el almidón, el cual. a la edad de introducción de los cereales es bien tolerado y digerido por el niño, ya que tiene adecuados niveles de ami lasa pancreática y disacaridasas intestinales.

Una de las controversias suscitadas en relación con el inicio de la ac es la introducción del gluten en forma temprana en la dieta contenida en alimentos como la avena, trigo, cebada y centeno. La EPSGHAN (European Society for Paediatric Gastroenterology, Hepatology and Nutrition) y la NASPGHAN Worth American Society for Pediatric GastroenteroLogy, Hepatology and Nutrition) recomiendan su introducción entre el cuarto y sexto mes de vida, continuando con la administración de leche materna; esto parece tener un efecto positivo sobre la prevención de enfermedades como la enfermedad celíaca, diabetes tipo 1 y enfermedad alérgica al trigo relacionada con la introducción de los cereales.

Los cereales no deben introducirse ni antes del cuarto mes, ni después de los ocho meses. su introducción precoz o tardía ha desencadenado el aumento en la susceptibilidad o en la incidencia de las enfermedades antes relacionadas. En publicaciones recientes donde se examinó la asociación entre el momento de la exposición a cereales derivados del trigo, cebada, centeno y el desarrollo de alergia de este último, concluyen que retardar la exposición inicial a los cereales puede aumentar el riesgo de desarrollar alergia alimentaria al trigo. en estas revisiones se ha confirmado sin embargo el papel transcendental de la historia familiar como predictor del desarrollo de alergias alimentarias en niños. La AAP, ESPGHAN y La NASPGHAN concuerdan en que no hay evidencia que demuestre las ventajas de restringir los alimentos con potencial alergénico dentro de ellos el trigo, como un mecanismo de prevención de la alergia.

Los alimentos complementarios no fortificados usualmente brindan cantidades insuficientes de ciertos nutrientes esenciales como hierro, zinc y vitamina B6, para lograr alcanzar las cantidades recomendadas de ingesta de nutrientes durante la ac. la incorporación a la alimentación complementaria de alimentos de origen animal (p. ej. carnes rojas) en algunos casos puede ser suficiente para cubrir esta insuficiencia por ejemplo de hierro. así que, el uso de alimentos complementarios como cereales fortificados con hierro es necesario. En general el uso de cereales fortificados con hierro se ha recomendado para favorecer la suplementación dietética de hierro y suplir las necesidades de éste. La ESPGHAN recomienda que el contenido de hierro de los cereales fortificados con este mineral sea de 0,5 mL o (12,25 mgl100 kcal).

Publicaciones recientes han concluido que la fortificación de los cereales o la suplementación con hierro son igualmente efectivos para aumentar las reservas de éste y disminuir la prevalencia de deficiencia en la infancia.

Los cereales infantiles contienen fitatos, como hexafosfato de myoinositol y otros fitatos de inositol conocidos por su efecto inhibidor de la absorción de minerales como hierro y zinc entre otros. Estos fitatos pueden ser un factor que contribuye de forma importante a estados de deficiencia de hierro o zinc en niños después de Los seis meses. En cereales fortificados con hierro, los fitatos pueden reducir la biodisponibilidad del hierro y pueden contrarrestar los efectos de la fortificación. pocos estudios han evaluado el efecto del contenido de los fitatos en los cereales de destete sobre el estado de hierro y zinc, especialmente en el consumo a largo plazo. Sin embargo, algunos cereales en su proceso de elaboración han reducido el contenido de fitatos a través de la activación de fitasas endógenas y el enriquecimiento con hierro de estos cereales previene su déficit. hay que tener en cuenta que el consumo de otras fuentes de hierro como las carnes pueden prevenir el déficit de éste y la anemia de los lactantes entre los seis y doce meses de edad y los alimentos que contienen vitamina e (ácido ascórbico), favorecen la absorción de hierro (En el etiquetado del envase, debe especificarse qué cereales contiene, la presencia o ausencia de gluten, así como de leche o proteínas animales, modo de preparación (con leche o sin ella), condiciones de uso y almacenamiento antes y después de abierto el mismo).

Un problema de salud pública es el incremento de la prevalencia de obesidad que se ha relacionado, entre otros, con el consumo temprano de carbohidratos e inclusión de los cereales en la AC de los lactantes. Una alternativa es el uso de cereales dextrinizados por hidrólisis enzimática, proceso que resalta el dulzor natural del cereal, los convierte en alimentos con menos adición de azúcar, mayores contenidos de fibra insoluble y una fuente energética importante que ayuda a cubrir sus requerimientos de energía. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que si el consumo es excesivo, puede llevar a sobrealimentación, y como consecuencia a obesidad, la cual podría ser causa de problemas futuros.

En niños con predisposición genética o con factores de riesgo para desarrollar obesidad, el inicio de los cereales debe retrasarse.

El avance de Los productos alimenticios tiene injerencia en el crecimiento y desarrollo en los primeros dos años de vida e implicaciones a corto, mediano y largo plazo. Es importante que como cuidadores de la salud de los niños conozcamos y orientemos para el buen desarrollo; asi como también para la prevención de múltiples enfermedades.

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